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martes, 30 de julio de 2013

ESTABA SOLO Y HAS VENIDO A VISITARME

37. Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?
38. ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?
39. ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"
40. Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis."
  




Ayer pude experimentar la alegría que sintió un amigo anciano al que hacía mucho tiempo que , por unos motivos u otros, no podía visitar.

Llamé a su portero automático y con voz triste, apagada, contestó: ¿quién es? cuando me escuchó , su voz se volvió fuerte, alegre y sobre todo transmitía deseo de que el encuentro se produjera pronto: ¡Ay que alegría! ¡sube, sube, sube! ¡Ay que alegría!.

Mientras esperaba el ascensor para subir, pensaba en lo fácil que resultaba hacer felices a los mayores. No hace falta más que un poco de atención y en este caso en concreto, hacía falta sembrar algo de ilusión, de amor de Dios en ese corazón cansado por los años, pero  fuerte y más capaz que nunca para dar y recibir.

Nada había cambiado en la casa,  la cafetera me recibía con su alegre gorgoteo, con el buen aroma del café que hacen esos viejos trastos . Mi amigo me esperaba en la cocina preparándolo todo porque sabe que me encanta el café. Había preparado mi taza ,que sabe cual es porque no cabe ni mucho ni poco, y porque los pajarillos que la adornan me parecen graciosos, el  tipo de azúcar que me gusta, que es la blanquilla de siempre.  Y cómo si hubiera tenido un presentimiento, había hecho que por la mañana le llevaran unos pasteles que son mi pasión: los riñones de toda la vida.

Un año en  los mayores se nota. Yo se lo noté: menos fuerza para levantar la cabeza, el pulso más temblón, más descuidado el aspecto.... pero las mismas ganas de servir, de agradar, de acoger. "pasa al salón " me dice, "voy a prepararte el café".

El viejo reloj me recuerda su presencia con su fuerte tic-tac. Ahí esta en la pared desde hace más de cien años .   Lo ha acompañado  toda su vida, su infancia y la de sus padres. Ha acompasado miles de rosarios, ha hecho con sus campanadas la marcha fúnebre de tantos familiares difuntos que se han velado en ese mismo salón. Ya no queda nadie...

Encima de la mesa las gafas, el Evangelio diario, lumen fidei, el breviario, la Biblia.... "Este hombre reza mucho más que yo", pensé... y es cierto.

Una hora estuve con él. sus problemas eran los mismos, sus penas las mismas, sus inquietudes las mismas... nada había cambiado en un año. Tampoco su soledad. Me contaba que el timbre solo suena por las mañanas porque llama el cartero, pero nunca más.

Me despedí con un abrazo y  en los ojos de Manuel (así se llama mi viejo amigo)  pude ver la mirada de Cristo que me agradecía la compañía en ese monte calvario que es la soledad.

Recuerdo especialmente sus ultimas palabras : "Tú eres como Cristo, José". Yo le respondí: "No Manuel, Cristo eres tú. Yo soy el que me he olvidado de ti durante un año. Prometo que no volverá a suceder."

¿Tienes algún amigo enfermo, anciano, solo....? Hazte un favor y ve a visitarlo.

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